“Coincidir son despedidas y bienvenidas que suelen caminar por la misma avenida”

“Coincidir son despedidas y bienvenidas que suelen caminar por la misma avenida”
Voluntariado-Tsehay-Ong-Agosto-Septiembre

Hace unas semanas despedimos a otra de nuestras voluntarias, Macarena ha estado en terreno etíope colaborando con nosotrxs casi dos meses (agosto y septiembre de 2018) y a su vuelta comparte con todxs su experiencia, su vivencia, escrito desde el corazón. Desde todo el equipo de Tsehay queremos darte las gracias por tu implicación en el proyecto, por sacar siempre lo mejor de ti para lxs niñxs y por la sabiduría y conciencia que aportas al equipo. ¡Esperamos volver a verte pronto por Etiopía!

 

“Desde la distancia y ya de camino a casa, transitando el duelo, el desapego y recordando los momentos vividos, me doy cuenta que no conocemos a las personas por accidente, sino que están destinadas a cruzarse en nuestro camino por una razón, que como dice Macaco en su canción “coincidir son despedidas y bienvenidas que suelen caminar por la misma avenida”.
Esto es lo que me ha ocurrido con las personas de este lugar de Etiopía, de Gerbicha School. El encuentro con los niños y niñas que sin saberlo son artistas de la vida, de la alegría y del amor, creando cada día nuevas formas para ocupar su lugar en el mundo, un mundo que acontece por sí solo con inocencia, con calma, con humildad y sin hacer nada las cosas tienen su lugar.
En esta tierra hay silencio profundo, quietud, claridad y libertad, y a la vez ruido, música, intensidad, jaleo, movimiento, caos, esclavitud a la tierra y a la pobreza.
Con esta experiencia la vida me ha impulsado a continuar viendo y mirando a la niña que fui, a la adolescente que fui, en todas sus partes (frustración, impotencia, felicidad, alegría, tristeza, rebeldía, dolor, enfado…) aunque a veces sintiera que no estaba preparada para hacerlo. Esta vivencia me ha permitido contemplar a niños y niñas con ojos profundos, llenos de verdad, castigados por el trabajo duro del campo a muy corta edad. Cada momento del día hay algo que hacer y cada niñx atiende su tarea cada día: ocuparse de los animales, cuidar de sus hermanos, ir a por el agua… y todo esto con poco que comer y sin agua que beber, tan solo el agua que recogen de los charcos de la lluvia que ha caído durante del día o del lago. Niñxs ocupados y dejando espacio y un hueco para venir a nuestro encuentro, llenos de ilusión, de inocencia, de alegría, de fuerza, de humildad y de amor, y a la vez de lucha, de rebeldía, de picardía para defenderse en la vida. Niñxs que te llegan al alma, que te transmiten sensaciones que no están al alcance de ninguna descripción. Niñxs que material no tienen nada y de lo profundo del amor y de lo espiritual lo tienen todo.
Los he visto y me han visto desde lo más interno y sagrado, desde la escucha interna, desde las lealtades invisibles, ocupando su lugar y atendiendo celosamente a las órdenes del amor. Con ellos cada acción tiene una consecuencia, y como en el viaje del héroe, no está exento de dificultades a mis batallas interiores y se suman las que se suponen que debo afrontar, los momentos y mi realidad de las experiencias imprevisibles que los días me deparan. El camino de este viaje me conduce a recuperar a la niña, a la adolescente que fui, me conduce a experimentar a la adulta, camino necesario para encontrar un sentido de todo lo vivido.
Cada día es un constante desafío que a pesar de las dificultades y del miedo ahora puedo mirar de frente desde la distancia para ver su realidad, mi realidad y asumir la aventura de lo vivido con ilusión, con entusiasmo, con rebeldía, con amor. Sólo puedo plasmar una parte de lo que todas las células de mi piel han recibido. Puedo nombrar la luz y la alegría que me transmitían y que despiertan en mi el amor, al esperarnos en la puerta del colegio, viniendo a nuestro encuentro dando igual que lloviera a mares o estuvieran tiritando de frío (porque solo tienen una prenda remendada para cubrirse, y los que pueden una manta) o hiciese calor, esperándonos a la sombra de un árbol. Ni un día han dejado de sorprenderme con sus risas, con sus cantos, con su música, con sus bailes si estábamos tristes, todo lo sentían y lo intuían, todo lo leían al vernos y nos sacaban una sonrisa. Sus miradas van más allá de lo que se puede ver. Los veo y me veo, los siento y me siento...los miro y veo señales, espacio, compañía, dolor, deseo, anhelo de lo que puede ser y no es, curiosidad de lo diferente, cicatrices sin heridas, corazones en el aire, en el agua del lago, en la tierra, en esa tierra etíope, en Gerbicha que significa esclavo.
El viaje. Es un sueño, es coincidencia, reconocimiento, reencuentro, encuentro de almas que se han reunido en ese lugar, historias que se han cruzado con la mía y me han llegado al alma. Tanta gente ahí fuera en el mundo y coincidir con esos niñxs, con esa gente invitándonos a sus casas para conocer a sus familias, su hogar, sus maneras de vivir que sin tener nada te ofrecen lo más preciado, la riqueza del lugar, café. Te ofrecen música, baile y lo que tengan ese día para comer porque todo se comparte.
Por eso no puedo olvidar nombrar algunas almas que me han bendecido con un regalo al coincidir con ellas. Me siento afortunada por encontrarlas, coincidir.
Adissu: la persona que ha dado la confianza plena al equipo Tsehay para proteger, cuidar y ayudar a los suyos. Un ángel caído del cielo para nosotrxs.
Tola: construcctor, hombre con ojos llenos de vida, de verdad y de humildad.
Getu: otro ángel de la guarda reencarnado en conductor de bajaj encontrado en el camino.
Arabia: ceremoniosa, elegante, al ofrecernos el té cada mañana.
Abeba: la flor que vemos en el camino cada día que vamos hacia nuestra labor.
Y qué decir de los niñxs…
Bussu: me llevo conmigo su sonido, su música, su sueño lleno e ilusión, de creatividad, su manera especial y única de expresarse.
Bacca: que es baile, es música, es intensidad, es rebeldía, montaña rusa de emociones encontradas a cada paso, es el lago, es el agua del lugar.
Shambi: me transporta a la montaña, es la piedra de lugar, es la tierra, es el constructor.
Tavoru: es la rama, que te acaricia el alma, es la hoja, es el árbol, es la raíz.
Shi: es pura, es el ser, todo está bien, es la inocencia, es el no juicio.
Gamma: es la espontaneidad, la inquietud, la ilusión, la sorpresa, la creatividad, la risa y el juego.
Tsehay: es la niña sabia, es la inteligencia inocente, que aparece y te da la confianza que necesitas cuando se agotan las fuerzas para seguir hacia delante, da señales a cada paso.
Abatu (grande): es la timidez, la humildad, la obediencia.
Halam: adolescente, mujer con poder y carácter, con la avidez sibilina para trasladarte a donde quiere, defendiendo lo suyo, su tierra, su especie, su lugar, su gente y al mismo tiempo la inocencia de la niña que fue y sigue siendo cuando se le permite.
Debredu: me trae la fuerza, la raza, la defensa, muy celosa de lo suyo, marcando el territorio y poniendo límites, es la que cuida, es la madre, es el coraje.
Abatu (pequeño): es el silencio, la lentitud, la calma. Y su amigo inseparable que aparece como un rayo de sol que calienta cada mañana al brindarnos su sonrisa.
Sisau: es la alegría, la travesura, la risa, la espontaneidad. Es ligero como un pájaro.
Marta: alma vieja reencarnada en niña, es la ilusión, el amor a lo grande.
Mastu: belleza pura, elegancia, feminidad.
Ifa: es el viento de la montaña, el padre, el amor incondicional.
Gurume: es la compañía, la calma, el sosiego y el trabajo duro convertido en juego.
Mazda y las otras pequeñas, son la compañía y el cuidado, la fragilidad y la sensibilidad del lugar.
Y Brhane: eso no lo puedo expresar con palabras, va más allá de mi entendimiento, es el susurro, es el soplo de viento que me acaricia el alma. Es la luna que al caer a la noche brilla con todo su explendor.
Y coincidir con tantos otros niñxs, personas, familias grabados en mi retina y habitando en mi mente, pero que no tengo la capacidad y el tiempo suficiente para nombrarlos y mi memoria si me alcanza para recordarlos en un instante y van apareciendo y me sorprendo sintiéndolos dentro de mi, en mi mente, en mi corazón y en mi cuerpo. Con un saludo (akam, salam) con una mirada, con una llamada de atención para sentirse visto. Siento orgullo, dignidad de haber vivido esos días, de pertenecer, esos momentos que no alcanzo a expresar, esas sensaciones, emociones, porque son indescriptibles con palabras y sí entendidas por el corazón.
Y a continuación y en agradecimiento, solo me queda decir que esta aventura, esta vivencia ha sido un sueño que al despertar solo puedo agradecer cada momento vivido, cada lugar, cada hombre, cada mujer que se ha cruzado en el camino, que cada día nos ha brindado su respeto, su mirada fija y profunda, humilde, con expresiones marcadas y grabadas en su rostro por la vida y llenos de verdad. Me embriago de la dificultad de sus vidas y de lo único que conocen y eso te ofrecen porque es lo que hay.

Quiero dar las gracias por darme la oportunidad de vivir este sueño hecho realidad al equipo de Tsehay, a Myriam, a Isa y a Borja, que han sido mis hermanxs en este camino, en este viaje, gracias por el apoyo, por el encuentro, la convivencia y la unión.
Galatooma a Gerbicha por ofrecerme tanto, gracias por darme la sabiduría de su tierra y de su gente.
Amasegnalow a Debre Zeit por todo, por acogerme, porque durante este tiempo ha sido m casa, mi hogar.
Amasegnalow a Bishoftu, que es el mismo lugar, por dejar que el universo haya hecho que me sienta en casa, que haya encontrado mi lugar, me ha hecho senti que pertenezco, que estoy dentro, que estoy viva y que soy digna de vivir así tal cual soy, sin máscaras. Y gracias, gracias, gracias a la vida por permitirme vivir esta experiencia, y que gracias a este sueño he podido verme, mirarme, recordarme, aceptarme, perderme, olvidarme de quien soy.
Gracias al universo porque me ha dado a oportunidad de darme cuenta, de tomar conciencia de que todo es perfecto, que la dificultad está en ver lo obvio. Chiquerelo, como dicen allí (no hay problema).
Gracias a esta aventura me he permitido confiar, fluir, me ha dado la oportunidad de crecer, de coger fuerzas, de poner límites, de darme lo que necesito, y de darme cuenta que para ser feliz lo que necesito es muy poco, pero me hacía falta esta y otras experiencias para comprenderlo. Gracias porque me he dado la oportunidad de despertar eso que estaba dormido en mí, la alegría, la fuerza, la diversión, la espontaneidad, gracias a todas esas personas que han hecho que saque el valor necesario para ocupar mi lugar, defender lo mio, sacar la voz, hablar otro idioma, sentirme acompañada y a salvo.
Desde aquí y para finalizar me quito el sombrero y honro a la gente digna de ese lugar que me ha enseñado tanto. Gracias, gracias gracias.”